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Eclesiastés 5 7 de 20

Eclesiastés 5

Para acoger este capítulo Una palabra para recibir Dios está en el cielo — Se conoce la voz del necio por la multitud de las palabras — Guarda tus promesas — Las riquezas y los bienes son un don de Dios. ⌃

1 Cuando vayas a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios, porque no saben que hacen mal.

2 No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios, porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra. Por tanto, sean pocas tus palabras.

3 Porque de la mucha ocupación vienen los sueños; y de la multitud de las palabras, la voz del necio.

4 Cuando a Dios hagas promesa, no tardes en cumplirla, porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometas.

5 Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.

6 No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel que fue un error. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz y destruya la obra de tus manos?

7 Donde abundan los sueños y las muchas palabras, también abundan las vanidades; pero tú, teme a Dios.

8 Si ves en la provincia opresión de pobres y perversión de juicio y de justicia, no te maravilles de ello, porque sobre uno alto vigila otro más alto, y otros más altos sobre ellos.

9 El provecho de la tierra es para todos; el rey mismo está al servicio de los campos.

10 El que ama el dinero no se saciará de dinero, y el que ama el mucho tener no sacará fruto. También esto es vanidad.

11 Cuando los bienes aumentan, también aumentan los que los consumen. ¿Qué beneficio, pues, tendrá su dueño aparte de verlos con sus ojos?

12 Dulce es el sueño del trabajador, ya sea que coma mucho o poco; pero al rico no le deja dormir la abundancia.

13 Hay un gran mal que he visto debajo del sol: las riquezas guardadas por sus dueños para su propio mal,

14 las cuales se pierden en malos negocios; y al hijo que engendran, nada le queda en la mano.

15 Como salió del vientre de su madre, desnudo, así vuelve, yéndose tal como vino; y nada de su trabajo llevará en su mano.

16 Esto también es un gran mal: que como vino, así haya de volver. ¿Y de qué le aprovechó trabajar para el viento?

17 Además de esto, todos los días de su vida comerá en tinieblas, con mucha molestia, y enfermedad y enojo.

18 He aquí, pues, lo que yo he visto: Que es bueno y agradable comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se afana debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado, porque esta es su parte.

19 Asimismo, a todo hombre a quien Dios ha dado riquezas y bienes, y también le ha dado capacidad para comer de ellos, y tomar su parte y gozar de su trabajo, esto es un don de Dios.

20 Porque no se acordará mucho de los días de su vida, pues Dios le responderá con alegría en su corazón.

Origen del texto

Las Sagradas Escrituras Leer este capítulo en el sitio de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días↗

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