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Lucas 14 6 de 35

Lucas 14

Para acoger este capítulo Una palabra para recibir Jesús vuelve a sanar en el día de reposo — Enseña acerca de la humildad y enseña la parábola de la gran cena — Quienes le sigan deben renunciar a todo. ⌃

1 Y aconteció un día de reposo que, habiendo entrado en casa de un principal de los fariseos a comer pan, ellos le acechaban.

2 Y he aquí, un hombre hidrópico estaba delante de él.

3 Y respondiendo Jesús, habló a los intérpretes de la ley y a los fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en el día de reposo?

4 Pero ellos callaron. Entonces él, tomándole, le sanó y le despidió.

5 Y respondiendo a ellos, dijo: ¿Quién de vosotros, si su asno o su buey cae en algún pozo, no lo saca inmediatamente aunque sea en día de reposo?

6 Y no le podían replicar a estas cosas.

7 Y observando cómo los convidados escogían los primeros asientos a la mesa, relató una parábola, diciéndoles:

8 Cuando seas convidado por alguno a una boda, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más honorable que tú esté convidado por él,

9 y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a este; y entonces tengas, con vergüenza, que ocupar el último lugar.

10 Mas cuando seas convidado, ve y siéntate en el postrer lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa.

11 Porque cualquiera que se ensalza será humillado; y el que se humilla será ensalzado.

12 Y dijo también al que le había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes ni a tus vecinos ricos, no sea que ellos, a su vez, te vuelvan a convidar, y seas recompensado.

13 Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, a los mancos, a los cojos y a los ciegos;

14 y serás bienaventurado, porque ellos no te pueden retribuir; pero te será recompensado en la resurrección de los justos.

15 Y oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo: ¡Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios!

16 Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena y convidó a muchos.

17 Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya está todo preparado.

18 Pero todos a una comenzaron a excusarse. El primero le dijo: He comprado una hacienda y necesito ir a verla; te ruego que me disculpes.

19 Y el otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos; te ruego que me disculpes.

20 Y el otro dijo: Acabo de casarme y, por tanto, no puedo ir.

21 Y volvió el siervo e hizo saber estas cosas a su señor. Entonces, enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y por las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, a los mancos, y a los cojos y a los ciegos.

22 Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste y aún hay lugar.

23 Y dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y oblígalos a entrar para que se llene mi casa.

24 Pues os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados gustará mi cena.

25 Y mucha gente iba con él; y volviéndose, él les dijo:

26 Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre, madre, esposa, hijos, hermanos, hermanas y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.

27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí no puede ser mi discípulo.

28 Porque, ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, para ver si tiene lo que necesita para acabarla?

29 No sea que después que haya puesto el fundamento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él,

30 diciendo: Este hombre comenzó a edificar y no pudo acabar.

31 ¿O qué rey, habiendo de ir a hacer la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede salir con diez mil al encuentro del que viene contra él con veinte mil?

32 De otra manera, cuando aún el otro está lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz.

33 Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todas las cosas que posee no puede ser mi discípulo.

34 Buena es la sal; pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se sazonará?

35 Ni para la tierra ni para el muladar es buena; la arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga.

Origen del texto

Las Sagradas Escrituras Leer este capítulo en el sitio de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días↗

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