La Biblia
Santiago 4
Las guerras se originan de las concupiscencias — Los amigos del mundo son enemigos de Dios — El pecado consiste en no andar en la luz que hemos recibido.
3Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestras concupiscencias.
5¿O pensáis que la Escritura dice en vano: Él celosamente anhela el espíritu que mora en nosotros?
6Pero él da mayor gracia. Por eso dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.
7Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.
9Afligíos, y lamentad y llorad. ¡Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza!
10Humillaos delante del Señor, y él os ensalzará.
12Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y destruir. ¿Quién eres tú para juzgar a otro?
15En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.
16Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala.
17El pecado, pues, está en aquel que sabe hacer lo bueno y no lo hace.