1
De cierto, así te dice el Señor, mi siervo Lyman: Te son perdonados tus pecados, porque has obedecido mi voz al venir aquí esta mañana para recibir consejo del que yo he nombrado.
2
Repose, por tanto, tu alma en cuanto a tu condición espiritual, y no resistas más mi voz.
3
Levántate y ten más cuidado desde ahora en adelante, de observar los votos que has hecho y que haces, y serás bendecido con bendiciones sumamente grandes.
4
Espera con paciencia hasta que se convoque la asamblea solemne de mis siervos; entonces serás recordado con los primeros de mis élderes y recibirás el derecho, por medio de la ordenación, con el resto de mis élderes que he escogido.
5
He aquí, esta es la promesa del Padre para ti, si continúas fiel;
6
y te será cumplida el día en que tengas el derecho de predicar mi evangelio, dondequiera que te mande, desde entonces en adelante.
7
Por tanto, fortalece a tus hermanos en todas tus conversaciones, en todas tus oraciones, en todas tus exhortaciones y en todos tus hechos.
8
Y he aquí, estoy contigo para bendecirte y librarte para siempre. Amén.