La Biblia

Doctrina y Convenios 86

1–7, El Señor explica el significado de la parábola del trigo y la cizaña; 8–11, También explica las bendiciones del sacerdocio para aquellos que son herederos legítimos según la carne.

1De cierto, así dice el Señor a vosotros mis siervos, concerniente a la parábola del trigo y la cizaña:

2He aquí, de cierto os digo, el campo era el mundo, y los apóstoles fueron los sembradores de la semilla;

3y al dormirse estos, el gran perseguidor de la iglesia, el apóstata, la ramera, Babilonia, que hace que todas las naciones beban de su copa, en cuyos corazones reina el enemigo, sí, Satanás, se sienta para reinar; he aquí, este siembra la cizaña; por tanto, la cizaña ahoga el trigo y hace huir a la iglesia al desierto,

4Mas he aquí, en los postreros días, aun ahora mientras el Señor comienza a sacar a luz la palabra, y la hierba está brotando y todavía está tierna,

5he aquí, de cierto os digo, los ángeles claman al Señor día y noche, y están preparados y esperando ser enviados a segar los campos;

6mas el Señor les dice: No arranquéis la cizaña mientras la hierba todavía está tierna (porque de cierto es débil vuestra fe), no sea que destruyáis también el trigo.

7Dejad, pues, que crezcan juntos el trigo y la cizaña hasta que la cosecha esté enteramente madura; entonces primero recogeréis el trigo de entre la cizaña, y después de recoger el trigo, he aquí, la cizaña será atada en haces, y el campo quedará para ser quemado.

8De modo que, así os dice el Señor a vosotros en quienes ha continuado el sacerdocio por el linaje de vuestros padres,

9porque sois herederos legítimos, según la carne, y habéis sido escondidos del mundo con Cristo en Dios,

10por tanto, vuestra vida y el sacerdocio han permanecido, y es necesario que permanezcan por medio de vosotros y de vuestro linaje hasta la restauración de todas las cosas que se han declarado por boca de todos los santos profetas desde el principio del mundo.

11Así que, benditos sois si perseveráis en mi bondad, siendo una luz a los gentiles, y por medio de este sacerdocio, un salvador para mi pueblo Israel. El Señor lo ha dicho. Amén.