
Jesucristo es el Salvador
Jesucristo es el Hijo de Dios. Sufrió y murió por todos, y resucitó. Aunque es el Salvador del mundo, te conoce por tu nombre. Por Él puedes cambiar, ser perdonado y volver a vivir con Dios.
Jesucristo al centro.
Todas nuestras creencias miran a Jesucristo. Celebramos su vida y su gracia, y te invitamos a acercarte a Él sin prisa.

Jesucristo es el Hijo de Dios. Sufrió y murió por todos, y resucitó. Aunque es el Salvador del mundo, te conoce por tu nombre. Por Él puedes cambiar, ser perdonado y volver a vivir con Dios.

Eres hijo o hija de Dios. Él te conoce. Quiere oírte en la oración. Cuando te vuelves hacia Él, encuentras consuelo y rumbo.

La vida no siempre es fácil, pero Dios tiene un plan para cada uno. Las familias están en el centro de ese plan. La muerte no es el final: es el cierre de este tramo.

Creemos que la Biblia es la palabra de Dios, traducida correctamente. También creemos que el Libro de Mormón es la palabra de Dios: otro testigo de Jesucristo, escrito por profetas en las Américas antiguas.

Cuando Jesús estuvo en la tierra, organizó su Iglesia con profetas y apóstoles. Creemos que esa Iglesia fue restaurada. Hoy hay un profeta vivo. El domingo te espera una comunidad que adora y se sostiene.
06
Fe en Jesucristo, arrepentimiento, bautismo, y el don del Espíritu Santo. Perdón, esperanza, caridad. Buscamos lo virtuoso, lo bello, lo digno de alabanza.
Somos La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. A veces nos llaman «mormones»; el nombre que amamos es el de Jesucristo.
Ven como a una fiesta de familia: decente, sin disfraz. La gente suele ir arreglada, pero nadie te echa por la ropa. Lo importante es entrar.
La reunión sacramental dura alrededor de una hora. Después hay clases. Si es tu primera vez, quédate la primera hora; dos misioneros pueden sentarse contigo.
No. Los visitantes no pasan bandeja. El diezmo es una decisión de los miembros, en privado.
Intentamos seguir a Jesucristo: orar, servir, reunirnos el domingo, cuidar la familia. Nadie espera que lo sepas todo el primer día.
Una visita, siempre gratis.
Dos misioneros pueden verte en casa, en un parque o por videollamada. Te escuchan. No cobran nada.