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Alma 25 3 de 17

Alma 25

Para acoger este capítulo Una palabra para recibir Se extienden las agresiones lamanitas — Los descendientes de los sacerdotes de Noé perecen, tal como lo profetizó Abinadí — Se convierten muchos lamanitas y se unen al pueblo de Anti-Nefi-Lehi — Creen en Cristo y observan la ley de Moisés. Aproximadamente 90–77 a.C. ⌃

1 Y he aquí, aconteció que aquellos lamanitas se irritaron más porque habían matado a sus hermanos; por tanto, juraron vengarse de los nefitas; y por lo pronto no intentaron más destruir al pueblo de Anti-Nefi-Lehi,

2 sino que tomaron sus ejércitos y fueron a las fronteras de la tierra de Zarahemla, y cayeron sobre los que se hallaban en la tierra de Ammoníah, y los destruyeron.

3 Y después de esto tuvieron muchas batallas con los nefitas, en las cuales fueron rechazados y destruidos.

4 Y entre los lamanitas que murieron, se hallaban casi todos los descendientes de Amulón y sus hermanos, que eran los sacerdotes de Noé; y perecieron por mano de los nefitas;

5 y el resto de ellos, habiendo huido al desierto del este, y habiendo usurpado el poder y la autoridad sobre los lamanitas, hicieron que muchos de los lamanitas muriesen por fuego a causa de su creencia;

6 porque muchos de ellos, después de haber padecido muchas pérdidas y tantas aflicciones, empezaron a recordar las palabras que Aarón y sus hermanos les habían predicado en su tierra; de modo que empezaron a descreer las tradiciones de sus padres, y a creer en el Señor, y que él daba gran poder a los nefitas; y así se convirtieron muchos de ellos en el desierto.

7 Y aconteció que aquellos caudillos que eran el resto de los descendientes de Amulón hicieron que se aplicara la pena de muerte, sí, a cuantos creyeran en estas cosas.

8 Ahora bien, este martirio hizo que muchos de sus hermanos se llenaran de ira; y empezó a haber contiendas en el desierto; y los lamanitas empezaron a perseguir y a matar a los descendientes de Amulón y sus hermanos; y estos huyeron al desierto del este.

9 Y he aquí, los lamanitas los persiguen hasta el día de hoy; y así se cumplieron las palabras de Abinadí respecto de los descendientes de los sacerdotes que hicieron que él padeciera la muerte por fuego.

10 Porque les dijo: Lo que hagáis conmigo será un símbolo de cosas futuras.

11 Y Abinadí fue el primero que padeció la muerte por fuego, por causa de su fe en Dios; y lo que quiso decir fue que muchos padecerían la muerte por fuego, así como él había padecido.

12 Y dijo a los sacerdotes de Noé que sus descendientes causarían que a muchos los mataran de la misma manera como él lo fue, y que ellos serían esparcidos y muertos, así como la oveja que no tiene pastor es perseguida y muerta por animales feroces; y he aquí, se cumplieron estas palabras, porque fueron dispersados por los lamanitas, y acosados y heridos.

13 Y aconteció que cuando los lamanitas vieron que no podían dominar a los nefitas, se volvieron a su propia tierra; y muchos se fueron a vivir a la tierra de Ismael y a la tierra de Nefi, y se unieron al pueblo de Dios, que era el pueblo de Anti-Nefi-Lehi.

14 Y también ellos enterraron sus armas de guerra, como lo habían hecho sus hermanos; y empezaron a ser una gente justa; y caminaron por las vías del Señor y se esforzaron por observar sus mandamientos y estatutos.

15 Sí, y observaban la ley de Moisés; porque era necesario que la observaran todavía, pues no se había cumplido enteramente. Mas a pesar de la ley de Moisés, esperaban anhelosamente la venida de Cristo, considerando la ley mosaica como un símbolo de su venida y creyendo que debían guardar aquellas prácticas exteriores hasta que él les fuese revelado.

16 Pero no creían que la salvación viniera por la ley de Moisés, sino que la ley de Moisés servía para fortalecer su fe en Cristo; y así, mediante la fe, retenían la esperanza de salvación eterna, confiando en el espíritu de profecía que habló de aquellas cosas que habían de venir.

17 Y he aquí que Ammón, Aarón, Omner, Himni y sus hermanos se regocijaron grandemente por el éxito que habían logrado entre los lamanitas, viendo que el Señor les había concedido conforme a sus oraciones, y que también les había cumplido su palabra en cada detalle.

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Las Sagradas Escrituras Leer este capítulo en el sitio de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días↗

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