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Alma 29 2 de 17

Alma 29

Para acoger este capítulo Una palabra para recibir Alma desea proclamar el arrepentimiento con celo angélico — El Señor concede maestros a todas las naciones — Alma se regocija en la obra del Señor y en el éxito de Ammón y sus hermanos. Aproximadamente 76 a.C. ⌃

1 ¡Oh, si fuera yo un ángel y se me concediera el deseo de mi corazón, para salir y hablar con la trompeta de Dios, con una voz que estremeciera la tierra, y proclamar el arrepentimiento a todo pueblo!

2 Sí, declararía yo a toda alma, como con voz de trueno, el arrepentimiento y el plan de redención: Que deben arrepentirse y venir a nuestro Dios, para que no haya más dolor sobre toda la superficie de la tierra.

3 Mas he aquí, soy hombre, y peco en mi deseo; porque debería estar conforme con lo que el Señor me ha concedido.

4 No debería, en mis deseos, perturbar los firmes decretos de un Dios justo, porque sé que él concede a los hombres según lo que deseen, ya sea para muerte o para vida; sí, sé que él concede a los hombres, sí, les decreta decretos que son inalterables, según la voluntad de ellos, ya sea para salvación o destrucción.

5 Sí, y sé que el bien y el mal han llegado ante todos los hombres; y quien no puede discernir el bien del mal, no es culpable; mas el que conoce el bien y el mal, a este le es dado según sus deseos, sea que desee el bien o el mal, la vida o la muerte, el gozo o el remordimiento de conciencia.

6 Ahora bien, en vista de que sé estas cosas, ¿por qué he de desear algo más que hacer la obra a la que he sido llamado?

7 ¿Por qué he de desear ser un ángel para poder hablar a todos los extremos de la tierra?

8 Pues he aquí, el Señor les concede a todas las naciones que, de su propia nación y lengua, enseñen su palabra, sí, con sabiduría, cuanto él juzgue conveniente que tengan; por lo tanto, vemos que el Señor aconseja en sabiduría, de conformidad con lo que es justo y verdadero.

9 Sé lo que el Señor me ha mandado, y en ello me glorío. Y no me glorío en mí mismo, sino en lo que el Señor me ha mandado; sí, y esta es mi gloria, que quizá sea un instrumento en las manos de Dios para conducir a algún alma al arrepentimiento; y este es mi gozo.

10 Y he aquí, cuando veo a muchos de mis hermanos verdaderamente arrepentidos, y que vienen al Señor su Dios, mi alma se llena de gozo; entonces recuerdo lo que el Señor ha hecho por mí, sí, que ha oído mi oración; sí, entonces recuerdo su misericordioso brazo que extendió hacia mí.

11 Sí, y me acuerdo también de la cautividad de mis padres; porque ciertamente sé que el Señor los libró de la servidumbre, y así estableció su iglesia; sí, el Señor Dios, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob, los libró del cautiverio.

12 Sí, siempre he recordado el cautiverio de mis padres, y ese mismo Dios que los libró de las manos de los egipcios, los libró de la servidumbre.

13 Sí, y ese mismo Dios estableció su iglesia entre ellos, sí, y ese mismo Dios me ha llamado con un santo llamamiento para que predique la palabra a este pueblo, y me ha concedido mucho éxito, en lo cual mi gozo es cabal.

14 Pero no me regocijo en mi propio éxito solamente, sino que mi gozo es más completo a causa del éxito de mis hermanos que han subido a la tierra de Nefi.

15 He aquí, han trabajado sobremanera, y han producido mucho fruto; y cuán grande será su recompensa.

16 Y cuando pienso en el éxito de estos mis hermanos, se transporta mi alma como si fuera a separarse del cuerpo, tan grande es mi gozo.

17 Y ahora conceda Dios que estos mis hermanos se sienten en el reino de Dios; sí, y también todos aquellos que son el fruto de sus obras, para que ya no salgan más, sino que lo alaben para siempre; y Dios conceda que se haga según mis palabras, así como he dicho. Amén.

Origen del texto

Las Sagradas Escrituras Leer este capítulo en el sitio de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días↗

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