La Biblia

Mosíah 29

Mosíah propone que se elijan jueces en lugar de un rey — Los reyes inicuos conducen a su pueblo al pecado — Alma, hijo, es nombrado juez superior por la voz del pueblo — También es el sumo sacerdote encargado de la Iglesia — Mueren Mosíah y el padre de Alma. Aproximadamente 92–91 a.C.

1Ahora bien, cuando Mosíah hubo hecho esto, indagó por todo el país, entre todo el pueblo, para enterarse de su parecer concerniente a quién había de ser su rey.

2Y aconteció que la voz del pueblo se expresó, diciendo: Deseamos que tu hijo Aarón sea nuestro rey y nuestro gobernante.

3Pero Aarón había subido a la tierra de Nefi, de modo que el rey no podía conferirle el reino; ni lo habría aceptado Aarón; ni ninguno de los otros hijos de Mosíah tampoco estaba dispuesto a asumir el reino.

4Por tanto, el rey Mosíah se comunicó otra vez con el pueblo; sí, aun les mandó un escrito, y estas fueron las palabras que se escribieron, y decían:

5He aquí, pueblo mío, o hermanos míos, porque como a tales os estimo, deseo que meditéis sobre el asunto que se os suplica considerar, por cuanto deseáis tener rey.

6Ahora bien, os declaro que aquel a quien el reino pertenece por derecho ha declinado el reino, y no quiere asumir el reino.

7Y si se nombrara a otro en su lugar, he aquí, temo que surgirían contenciones entre vosotros; y quién sabe si mi hijo, a quien pertenece el reino, se tornaría a la ira y se llevaría tras sí a una parte de este pueblo, lo cual ocasionaría guerras y contiendas entre vosotros, que serían la causa del derramamiento de mucha sangre y de la perversión de las vías del Señor, sí, y destruirían las almas de muchos.

8Os digo, por tanto, que seamos prudentes y consideremos estas cosas, porque no tenemos ningún derecho de destruir a mi hijo, ni de destruir a otro que fuese nombrado en su lugar.

9Y si mi hijo se volviese nuevamente a su orgullo y cosas vanas, se retractaría de lo que había dicho y reclamaría su derecho al reino, cosa que haría que él y también este pueblo cometieran mucho pecado.

10Ahora bien, seamos prudentes; preveamos estas cosas y hagamos aquello que asegurará la paz de este pueblo.

11Por tanto, seré vuestro rey el resto de mis días; sin embargo, nombremos jueces para que juzguen a este pueblo según nuestra ley; y arreglaremos de otra manera los asuntos de este pueblo, pues nombraremos hombres sabios como jueces, quienes juzgarán a este pueblo según los mandamientos de Dios.

12Ahora bien, es mejor que el hombre sea juzgado por Dios más bien que por el hombre, porque los juicios de Dios son siempre justos, mas los juicios del hombre no siempre lo son.

13Por tanto, si fuese posible que tuvieseis por reyes a hombres justos que establecieran las leyes de Dios y juzgaran a este pueblo según sus mandamientos, sí, si tuvieseis por reyes a hombres que hicieran lo que mi padre Benjamín hizo por este pueblo, os digo que si tal fuese siempre el caso, entonces convendría que siempre tuvieseis reyes para que os gobernaran.

14Y aun yo mismo he obrado con todo el poder y las facultades que he poseído, para enseñaros los mandamientos de Dios y para establecer la paz en todo el país, a fin de que no hubiera guerras ni contenciones, ni robo, ni rapiña, ni asesinatos, ni iniquidades de ninguna clase.

15Y a quienquiera que ha cometido iniquidad, he castigado de acuerdo con el delito que ha cometido, según la ley que nos han dado nuestros padres.

16Ahora bien, os digo que por motivo de que no todos los hombres son justos, no conviene que tengáis un rey o reyes para que os gobiernen.

17Pues he aquí, ¡cuánta iniquidad un rey malo hace cometer; sí, y cuán grande destrucción!

18Sí, acordaos del rey Noé, su iniquidad y sus abominaciones, y también la iniquidad y las abominaciones de su pueblo. Considerad la gran destrucción que cayó sobre ellos; y también a causa de sus iniquidades fueron reducidos a la servidumbre.

19Y si no hubiese sido por la interposición de su omnisciente Creador, y esto a causa de su sincero arrepentimiento, inevitablemente habrían permanecido en el cautiverio hasta ahora.

20Mas he aquí, los libró porque se humillaron ante él; y porque clamaron a él poderosamente, los libró del cautiverio; y así es como en todos los casos el Señor obra con su poder entre los hijos de los hombres, extendiendo su brazo de misericordia hacia aquellos que ponen su confianza en él.

21Y he aquí, os digo que no podéis destronar a un rey inicuo sino mediante mucha contención y el derramamiento de mucha sangre.

22Pues he aquí, tiene sus cómplices en iniquidad y conserva a sus guardias alrededor de él; y deshace las leyes de los que han reinado en justicia antes de él; y huella con sus pies los mandamientos de Dios;

23y formula leyes y las envía entre su pueblo; sí, leyes según su propia maldad; y al que no las obedece, hace que sea destruido; y contra los que se rebelan envía sus ejércitos para combatirlos, y si puede, los destruye; y de este modo es como un rey inicuo pervierte las vías de toda rectitud.

24Y ahora bien, he aquí, os digo: No conviene que tales abominaciones vengan sobre vosotros.

25Por tanto, escoged jueces, por medio de la voz de este pueblo, para que seáis juzgados de acuerdo con las leyes que nuestros padres os han dado, las cuales son correctas, y fueron dadas a ellos por la mano del Señor.

26Ahora bien, no es cosa común que la voz del pueblo desee algo que sea contrario a lo que es justo; pero sí es común que la parte menor del pueblo desee lo que no es justo; por tanto, esto observaréis y tendréis por ley: Trataréis vuestros asuntos según la voz del pueblo.

27Y si llega la ocasión en que la voz del pueblo escoge la iniquidad, entonces es cuando los juicios de Dios descenderán sobre vosotros; sí, entonces es cuando él os visitará con gran destrucción, sí, como hasta aquí la ha mandado sobre esta tierra.

28Ahora bien, si tenéis jueces, y ellos no os juzgan según la ley que ha sido dada, podéis hacer que sean juzgados por un juez superior.

29Y si vuestros jueces superiores no dictaren juicios justos, haréis que un número pequeño de vuestros jueces menores se reúna, y ellos juzgarán a vuestros jueces superiores, según la voz del pueblo.

30Y os mando que hagáis estas cosas en el temor del Señor; y os ordeno que hagáis esto, y que no tengáis rey; para que si este pueblo comete pecados e iniquidades, estos recaigan sobre su propia cabeza.

31Pues he aquí, os digo que las iniquidades de sus reyes han causado los pecados de mucha gente; por tanto, sus iniquidades recaen sobre la cabeza de sus reyes.

32Y ahora deseo yo que esta desigualdad deje de existir en esta tierra, especialmente entre este mi pueblo; mas deseo que esta tierra sea una tierra de libertad, y que todo hombre goce igualmente de sus derechos y privilegios, en tanto que el Señor juzgue conveniente que habitemos y heredemos la tierra, sí, mientras permanezca cualquiera de los de nuestra posteridad sobre la superficie de la tierra.

33Y muchas cosas más les escribió el rey Mosíah, haciéndoles ver todas las pruebas y tribulaciones de un rey justo; sí, todas las congojas del alma por su pueblo; y también todas las quejas del pueblo a su rey; y les explicó todo esto.

34Y les dijo que tales cosas no debían existir; sino que la carga debía estar sobre todo el pueblo, para que todo hombre llevara su parte.

35Y también les hizo ver todas las desventajas bajo las cuales se afanarían si los gobernaba un rey inicuo;

36sí, todas las iniquidades y abominaciones, y todas las guerras y contenciones, y derramamiento de sangre, y el hurto y la rapiña, y la comisión de fornicaciones y toda clase de iniquidades que no pueden ser enumeradas, diciéndoles que aquellas cosas no debían existir, que eran expresamente repugnantes a los mandamientos de Dios.

37Y aconteció que después que el rey Mosíah hubo enviado estas palabras entre los del pueblo, estos quedaron convencidos de la verdad de sus palabras.

38Por tanto, abandonaron sus deseos de tener rey, y se sintieron ansiosos en extremo de que todo hombre tuviese igual oportunidad por toda la tierra; sí, y todo hombre expresó el deseo de estar dispuesto a responder por sus propios pecados.

39Aconteció, por tanto, que se reunieron en grupos por toda la tierra, para dar su parecer concerniente a quiénes habrían de ser sus jueces para juzgarlos de acuerdo con la ley que les había sido dada; y se alegraron en extremo a causa de la libertad que se les había concedido.

40Y aumentó el amor que sentían por Mosíah; sí, lo estimaban más que a cualquier otro hombre; porque no lo tenían por un tirano que buscaba ganancias, sí, ese lucro que corrompe el alma; porque él no les había exigido riquezas, ni se había deleitado en derramar sangre; sino que había establecido la paz en la tierra, y había concedido a su pueblo que se librara de toda clase de servidumbre; por tanto, lo estimaban, sí, extraordinariamente, en sumo grado.

41Y sucedió que nombraron jueces para que los gobernaran o juzgaran según la ley; y así lo hicieron en toda la tierra.

42Y aconteció que Alma fue nombrado para ser el primer juez superior; y era también el sumo sacerdote, habiéndole conferido su padre el oficio, y habiéndole encargado todos los asuntos de la iglesia.

43Y ocurrió que Alma anduvo en los caminos del Señor, y guardó sus mandamientos, y juzgó con justicia; y hubo continua paz en la tierra.

44Y así empezó el gobierno de los jueces en toda la tierra de Zarahemla, entre todo el pueblo que se llamaba nefitas; y Alma fue el primer juez superior.

45Y sucedió que falleció su padre, teniendo ya ochenta y dos años de edad, y habiendo vivido para cumplir los mandamientos de Dios.

46Y aconteció que Mosíah falleció también, en el trigésimotercer año de su reinado, a la edad de sesenta y tres años; y hacía por todo quinientos nueve años desde la ocasión en que Lehi salió de Jerusalén.

47Y así terminó el reinado de los reyes sobre el pueblo de Nefi; y así llegaron a su fin los días de Alma, que fue el fundador de la iglesia de ellos.