La Biblia
Lucas 7
Jesús sana al siervo de un centurión — Levanta de la muerte al hijo de la viuda de Naín — Elogia a Juan el Bautista y afirma que es más que profeta — Una mujer unge los pies de Jesús y Él le perdona los pecados.
1Y después que Jesús acabó todas sus palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaúm.
2Y el siervo de un centurión, a quien este tenía en gran estima, estaba enfermo y a punto de morir.
5porque ama a nuestra nación, y él nos edificó una sinagoga.
7por lo cual, ni aun me tuve por digno de ir a ti; pero di la palabra, y mi siervo será sano.
10Y al volver a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.
13Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: No llores.
15Entonces se incorporó el que había muerto y comenzó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.
17Y se extendió la fama de él por toda Judea y por toda la región de alrededor.
19y los envió a Jesús para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?
23y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí.
26Mas, ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta.
31Y dijo el Señor: ¿A qué, pues, compararé a los hombres de esta generación, y a qué son semejantes?
33Porque ha venido Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y decís: Demonio tiene.
35Mas la sabiduría es justificada por todos sus hijos.
40Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él dijo: Di, Maestro.
41Un acreedor tenía dos deudores: Uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta;
42y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de estos le amará más?

45No me diste beso, pero ella, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.
46No ungiste mi cabeza con aceite, pero ella ha ungido mis pies con perfume.